Literatura

Para leer a Pagés

He de reconocer que no leo policiales. Mi gusto literario lo considero amplio, pero desde niña y por elección, siempre preferí otros géneros, hasta ahora. José Luis Pagés tuvo el arduo trabajo de introducirme en su mundo de misterios, suspensos y rufianes.

 

Por Valeria Elías

Los géneros literarios tienen, además de sus características particulares que los definen, cierta hibridación entre uno y otros. Lo cierto es que cuando estos se juntan con el oficio periodístico, su lenguaje y tono van referenciando desde esa misma realidad que no deja de ser ficción. Se entrecruzan estilos, géneros y oficios, lo que permite un juego entre el escritor y el lector, que cruza la de ficción a la realidad con cierta sutiliza en donde uno ya se proyecta de diferente forma; y el diálogo establecido entre ambos es un poco más formal.

Pagés se destaca por su claridad en la redacción de los momentos, la descripción de los hechos y la creación del suspenso o la sospecha. Los giros literarios mezclados con la crónica dan una sensación de realismo que lleva a la compenetración, con un toque mágico que impide desviar el ojo para ver que hace el perro, o si el agua hierve.

Las ironías de este prolifero escritor, son su sello personal. En tanto, quienes tenemos el gusto y privilegio de conocerlo, sabemos de su sagacidad mental a la hora de expresar ciertos temas o cuestionamientos, efecto que sus personajes padecen o bien gozan en sus novelas.

“No hay literatura que no cuente una historia real de cierta forma” supo decir José Luis Pagés en una de sus respuestas en la red social. Como he dicho en otra nota, su carrera periodística tiene mucho que ver por su afición a escribir literatura, sus lecturas previas y su nivel intelectual, enriquecen la cultura de quién con ganas e inquietud lee en busca de aprender del Maestro.

En esto Pagés se preguntará, “recién terminás de leer los libros Valeria”, no, hace rato que los leí, solo que estuve madurando la nota. Algo que los nuevos periodistas olvidan hacer y los viejos, acostumbrados a la vorágine, también.

La piojera

Neófita en la lectura del policial, me introduzco en una Santa Fe llena de misterios y personajes lúgubres. Por momentos, siento leer una crónica, un relato pormenorizado de los hechos, por otro, un paseo por una historia increíble que dudosamente puede ser cierta. Lo claro es que La Piojera me encerró en un terreno desconocido, y ahí me supe perdida entre las letras y las imágenes conocidas.

El río, su fauna, flora y el clima se dibujan claramente en un entramado de corrupción, mafias, historias resentidas y mala vida. El detective que intenta hacer justicia, la justicia que mira para otro lado y el hampa que actúa con la impunidad que le brindan sus propios aliados.

Intrigante y desafiante, los personajes de la historia van desenvolviendo una trama angustiante y a su vez perversa, donde por momentos recordamos casos de nuestra historia, pero que se desarrollan de una forma desconocida.

Un final que nos abre a la siguiente. Tal vez, sin continuidad, pero sí con la misma adrenalina y curiosidad.

El desquite de Renard

Ya con la lectura preparada, luego de la primera experiencia, tomo el libro y comienzo a ver que ciertos personajes s repiten en esto que es, una historia de venganza, resentimientos, injusticas y sangre.

Los despreciables personajes que se conjugan en una trama insoportable, la trata, los asesinos, la droga y el tumulto de ciudadanos cansados y muchas veces cómplices, de estas sectas del malvivir.

El detective que sigue buscando la justicia y la verdad; una justicia lenta, y un vendedor de libros envuelto en una historia que jamás imaginó. Dan como resultado varias horas de suspenso e intriga.

El hambre de justicia se hace presente, la complicidad política lo complica todo, pero las víctimas y sus familiares no perdonan. Al menos, la justicia por manos propia se cobra una parte de su venganza y equilibra el juego, o no tanto.

El anatema del oro

Historias de ayer, de hoy y que nos duelen siempre. Para esto, ya aprendí a leer a Pagés, entiendo que sus relatos tienen un poco de todo, hasta el amor se hace presente, de forma trunca pero imperante.

En esta encrucijada, el robo histórico en la Basílica Guadalupe, la muerte de Zaspe, los años oscuros de la historia Argentina. Se conjugan en una historia de ambición, corrupción y traiciones. El bar emblemático, donde solían juntarse todo tipo de personajes, encuadra el anatema que toca a todos y cada uno de los personajes.

No hay forma de librarse lo todo lo que uno ha hecho en esta vida. Aunque parezca que otros sí lo hacen.  La ficción y la realidad invitan a la reflexión.

No sé bien si es caso resuelto, o absuelto. Pero queda en claro que, cada secreto, cada misterio, tiene dentro de sí un poco de ilusión y sueño.

Para leer a Pagés

Mi amigo y maestro Horacio Rossi, siempre me decía “no adules, ni hagas fama de tus vínculos, al fin y al cabo, entre nosotros sabemos quién es quién y lo que sentimos y compartimos”. Eso mismo intento reflejar en la nota, sin querer quedar bien.

Para leer a José Luis Pagés solo me bastó la invitación, entendiendo que José Luis no abusa de la complicidad del lector, sino que en su justa medida lo lleva a recorrer las sórdidas historias de nuestra comunidad. Con personajes ficticios y no tanto. Con historias conocidas y desconocidas. Solo basta un buen tiempo de silencio y ganas de disfrutar de la buena literatura. Una gran invitación para principiantes y expertos.



 

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